0

Le tomé la mano y suspiré cuando sus dedos fríos se encontraron con los míos. Su tacto trajo consigo un extraño alivio, como si estuviera dolorida y el daño hubiera cesado de repente.
—¿Es que realmente no te das cuenta de lo importante que eres para mí? ¿Tienes alguna idea de cuánto te quiero?
Me apretó más fuerte contra su pecho duro acomodando mi cabeza bajo su barbilla. Presioné los labios contra su cuello frío como la nieve.
—Lo que sí sé es cuánto te quiero yo —repuse.
—Eso es comparar un árbol con todo un bosque.
Cuando tú la ves, ya no es la tierra quien te sostiene, sino ella, que pasa a ser lo único que importa. Harías y serías cualquier cosa por ella, te convertirías en lo que ella necesitara, ya sea su protector, su amante, su amigo o su hermano: Te ama más de lo que piensas. Le aterra alejarse de ti.
—De acuerdo —acepté su disculpa sin problemas, pues ya le había perdonado—, pero las fiestas de pijamas tienen sus ventajas… —me aovillé más cerca de él y besé la hendidura de su clavicula—. Tú puedes raptarme siempre que quieras.
Duerme, Bella mía. Que tengas dulces sueños. Tú eres la única que me ha llegado al corazón. Siempre seré tuyo. Duerme, mi único amor.
Eso parece, ¿a que sí? Nos cae de todo por todos lados —suspiró—. ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que tu vida sería más sencilla si no te hubieras enamorado de mí?
—Quizá, aunque sería una existencia vacía, sin valor.

0 comentarios:

Publicar un comentario