
Ya sabes, el fantasma, el recuerdo. Te he visto trabajar día y noche, esclavizarte sin concederte un respiro. La gente se comporta así por tres razones: porque está loca, es idiota o quiere olvidar. En tu caso, yo sabía que intentabas olvidar algo.
Para mí, la ciudad era un pueblo encantado. Encantado por el fantasma de su recuerdo. Cada vez que pasaba por la plaza, el lugar que habíamos recorrido tantas veces juntos, lo veía ahí. Sentado en un banco o de pie junto a un árbol, siempre sonriendo. Por las noches, cuando me sentaba a tocar la guitarra, lo imaginaba a mi lado, escuchando en silencio las canciones.
Mi padre dice que el primer amor te cambia la vida para siempre, y por mucho que te empeñes, el sentimiento nunca muere del todo. Hagas lo que hicieres, te acompañará por siempre. Los poetas casi siempre describen al amor como un sentimiento que escapa nuestro control, que vence a la lógica y al sentido común. En mi caso, fue exactamente así. No esperaba enamorarme de ti y dudo mucho que tuvieras previsto enamorarte de mí. Pero cuando nos conocimos, ninguno de los dos pudo evitarlo. Nos enamoramos a pesar de nuestras diferencias y, al hacerlo, creamos un sentimiento singular y maravilloso. Para mí, fue un amor que existe una vez, y por eso cada minuto que pasamos juntos ha quedado grabado en mi memoria. Nunca olvidaré un solo instante de nuestra relación.
Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que siempre lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que esta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos separado por los mismos motivos.