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miércoles 9 de septiembre de 2009
Acostumbrado, equivocado. No veo el cielo, está nublado. Apareciste sin que te buscara nadie, no esperaba encontrarte ahí. Tal vez tu risa no tenía sombras, no tenía caras. Me prestaste un beso, me prestaste calma, me prestaste todo lo que me faltaba. Tenés la receta justa para hacerme sonreir, y todo el tiempo sabés lo que me asusta, sabés lo que me gusta estar con vos. Me robaste el cuerpo, me robaste el alma. Ya es tuya la voz con la que antes cantaba. Me quitás el sueño, me quitás el habla, pero si estoy con vos, no necesito nada. No me siento mal, no tengo energía, ¿cómo llegué hasta acá? No presiento más, no tengo armonía, no percibo si no estás. No comprendo que me falta todavía, no se si pueda esperar. No hay dolor que duela más, que el dolor del alma. No se aleja así nomás. Cosas lo hacen aliviar, pero no lo calman. Mañana va a ser un gran día, te lo digo yo. Ya no hay dolor, ya no duele y no va a doler, si todo lo que te lastima el tiempo lo hace durar, hasta que seas conciente que no te hace daño. Sí, yo no se lo digo a nadie, pero me dí cuenta, que pudo ser peor, que no fue para tanto. Y así son las cosas, así es esta vida. No me quiero conformar, vos tendrás tu forma, yo tengo la mía, solo aprendo a lastimar. Quiero escucharte. No me prives, no me censures, no te escapes: esta realidad existe.
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